JOSÉ EVER RODRÍGUEZ DÍAZ

FOTO | ©Archivo particular

Nacido en Chinchiná Caldas. Estudios de Filosofía en la Universidad de Caldas y Universidad de Nariño. Lector incansable y gozoso. Como Profesor de Literatura en su primera etapa organizó Centros Literarios, Clubes de Lectura, Obras de teatro y Juegos para el disfrute de autores y obras.
Por un tiempo se perdió en la maraña de las cuentas y los trabajos agobiantes de la banca y la lucha sindical, ahora, ha vuelto a los libros y a la poesía. Participa en los Talleres de Escritura del Banco de la República, de la Universidad Autónoma de Manizales de la Escuela de Teatro y Literatura, El Escondite
Apoya los talleres de creación Literaria del Grupo de Poesía Los Versos del Cumanday de Manizales 2018, 2019.

Participaciones

  • Encuentro de Poesía en Frontino, 2017
  • 4ª Fiesta de la Poesía, Villa de Leyva 2018
  • Festival poesía La Nave de Papel, Manizales 2018
  • Festival Internacional Albatros, Manizales 2017
  • Feria de Manizales 2018, 2019, La Esquinita del arte
  • IV Festival de Arte y Literatura, El Salvador 2019

* * *

POEMAS

ANTIFAZ

Desfile en traje de carnaval,

Todo es sentir.

 

¿Qué esconde el antifaz?

Las incoherencias de la tristeza,

el mohín herido de un bufón,

la alegría del elegido…

 

Con antifaz o sin él,

rostro de sol a sombra,

razón y corazón

 

 

 

RONDA PARA MIS JUGUETES

 Hoy desde el balcón de mi atardecer, repaso los recuerdos de infancia y saltan de ellos: la rayuela y mi amada bellolinda, el trompo barrigón de los miretes, la cicla, la patineta. Todos en visión fugaz, aparecen con su risa de infancia, brillan y se van…

¿Por qué no puedo olvidarte, mi Expreso Palmira de  madera? Sobre tus cuatro ruedas encaramaba sueños y alegrías, al evocarte viajo a lugares imaginados y escucho el traqueteo de tu andar sobre los caminos del patio en la antigua casa.

 

 

 

COLORES

En el pecho de mi madre, ámbar de la savia convertida en leche

en mi lejana juventud, pulpa de granate en la pasión,

en la madurez, verde  de todo nacimiento

en mi vejez, el ocre de los árboles maduros.

El universo en su paleta enseña:

pintar con palabras , con colores, con sonidos

este suceder de emociones

regalo inefable de la vida.

 

 

 

DE SUR A NORTE

De sur a norte bailas, tierra

y al despedir el día

te agitas entre el carmín y el lila

Abajo, olor a musgo y vegetales,

agua de paisaje y bruma.

Arriba, arreboles en un lazo de sol

anudado a una cúpula de oriente.

El Edén si existe es un país de nube

con su mar y sus ballenas de espuma.

 

 

 

DECLARACIÓN

¿Eres tú? Tal vez

No lo preguntes de nuevo, duele.

Sí. Estás tan dentro que ya no soy,

sino estás cada vez,

por siempre y para siempre

 

 

 

 

DEJACIÓN

Esta mi vieja locura de ver pasar la vida como un soplo o un suspiro, o un reloj de arena que talla surcos en la hondura de mi piel y no existe conjuro o hierba que me sane.

¿Qué ritual inventar? ¿Qué extraña fuerza convocar? ¿A dónde acudir para ser? ¿Dónde mirar que no sea el ayer?

Hurgo entre fantasmas revividos. Me detiene un claro – oscuro de dudas, túnel donde no hay verdad. Y, ¿si la luz está en otro ser?

Sin proponértelo me irradia tu brillo y ahora pienso y actúo en comunión con tu esencia.

Las ansias de vivir son golondrinas para otra primavera.

 

 

 

 

EL BESO

Temblor de párpados.

Un huracán de caricias,

con su miel nos hace lágrima,

se bifurca entre el deseo y la nostalgia

ánfora de gozo y miedo

 

Temblor de labios.

Un aliento de canela

me llena, me detiene,

atadura de bocas.

No quiero separarme.

 

Temblor de vida,

temblor de amor.

 

 

 

EL PUEBLO EN MI PUPILA

El hielo de la tarde contrasta con el calor de mi pupila

veo el tintineo de luz sobre el fondo del crepúsculo.

mientras una chimenea bosteza su aroma de café

colgajos de nostalgia recorren mis sentidos,

la esencia del sol vibra en los guayacanes,

en el verde-rojo de los cafetales,

y en el parque, la paleta colorida de los siete cueros.

Trozos palpitantes de mi país, cuna de mis ancestros,

de existir el edén bíblico, esta fue su casa.

Chinchiná.

 

 

 

HORA DE CANTAR

Escuché la tempestad:

canto de la lluvia en marcha

olor de fuego en los relámpagos

y el trueno  en su estallido.

Eran días y noches de agonía

cadeneta de grillos en las sienes

marañas de pesadilla entre el pecho.

 

Aparté mi mente del apocalípsis

encendí mi lámpara interior,

para buscar en la luz enamorada de tus ojos

el ardor perdido en los pañuelos.

La esperanza vibro con cada trino,

la armonía se hizo pentagrama,

y la piel junto a la piel, bolero