GONZALO MALLARINO FLÓREZ

 

FOTO | ©Archivo particular

Poeta y narrador colombiano (Bogotá, 1958). Es administrador de empresas con máster en economía de la Universidad de los Andes. Sus primeros poemas aparecieron en el diario El Tiempo y en la antología Se nos volvieron aves las palabras (Gimnasio Moderno, 1986). Ha publicado los poemarios Carmina (1986), Los llantos (1988), La ventana profunda (1995), La tarde, las tardes (2000) y Vara de buscar agua y Nueve retratos (2006), así como las novelas Según la costumbre (2003), Delante de ellas (2005) y Los otros y Adelaida (2006), que conforman su Trilogía Bogotá. Ha recibido el premio al Mejor envío extranjero en el concurso literario Javiera Carrera (Valparaíso, Chile, 1986); Mención de Honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz (Cali, 1988) y Primer Premio en el concurso literario Brantevilla (Bogotá, 1993). 

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POEMAS

NO MI SOMBRA

Quién cuando no estoy yo
siente tu cuerpo firme a su costado.
Cuando mis manos te pierden
en el tiempo,
alguien está quebrando
a golpes duros
el amor que tembló en las bocas.
Alguien que no es mi sombra
te intenta después de mí

 

 

 

NO PUEDES VENIR

La luz cayendo entre los árboles
y esos niños mirando la tierra y buscando
con los dedos.

Las ramas sobre las cabezas y los niños mirando
las piedras y las lombrices.

Se encaramaron después en la barda amarilla para
mirar el río y abajo unas mujeres negras lavando.

¿Viste las uñas? ¿Las piernas de ellos?
¿La espalda con pecas?
¿Y unas yemas buscando piojos despacio?

Así para que sepas cuánta luz había y no vengas
oscura. Mira cuánta tórtola
y cuánta hoja había.

Recuerda la tierra entre las uñas de los niños.
Si aún te hace falta mira las rodillas.
Mira que ahora están respirando otra vez los niños
y cae otra hoja.

No puedes venir oscura ahora.
No puedes llegarme hoy.
Si sigo en mi letanía
no puedes ya alcanzarme. Oscura.

 

 

 

EL TONO DEFINITIVO

El tono definitivo
al final se va olvidando.
La voz perdiendo memoria
tras los grupos temporales.
Las palabras caen muriendo
en la ausencia dilatada
y el amor está empezando
a doler como una vida

 

 

 

AUNQUE NO QUISIERA

Por un tiempo quedan sus voces.
Más tarde se van de las yemas.
Se van del olfato y los labios.
Hoy sólo conservo un mentón.
O unas cejas. No tengo nada.
Sólo algunas venas rosadas.
Poros dulces. Desvanecidos.
Así he ido perdiendo mañanas.
Bocas. Arboledas. Me arrastra
un viento duro hecho de sombras
por las bardas de los jardines.
Por un tiempo quedan las voces…