GLORIA MARÍA MEDINA JIMÉNEZ

FOTO | ©Archivo particular

Cali. Licenciada en Educación, Abogada, Especialista en Desarrollo Intelectual y Gerencia para las Artes. Participa en Talleres de Poesía Banco de la República, Teatro El Escondite y Universidad Autónoma en Manizales.

Publicaciones

  • Poemarios: Ave y no ancla, Claves para abrir las puertas del interior misterio, Balada para mujeres en guerra, Los Niños del Miedo, Apartamento con Ventana, Mi Madre aún canta, María, Mujer de tierra y Bajo el cielo del Cumanday.

Logros

  • Primer Premio Concurso de Poesía Inédita XVIII Festival Internacional de Poesía de Cali 2018.
  • Tercer premio. Concurso Ediciones Embalaje, Museo Rayo, 2010.
  • Primer premio III Encuentro de Poetas Vallecaucanos. Jamundí Valle 2006.
  • Primer premio sin edición Concurso Ediciones Embalaje, Museo Rayo. 2003.
  • Mención de honor concurso Revista Videncia. Ciego de Ávila, Cuba 2002.

Participaciones

  • Mujeres en el País de las Nubes. México, 2001.
  • Feria Internacional del Libro en La Habana, 2002.
  • Museo de Artes Decorativas. Ciego de Ávila. Cuba, 2005.
  • Mujeres Poetas de Antioquia, 2005 a 2011.
  • Punta del Este Uruguay 2012.
  • Festival Internacional de Poesía de Cali.
  • Talleres a jóvenes 2008 a 2014.
  • Directora Festival Internacional de poesía de Cali, 2015.
  • Encuentros de Poesía en Frontino, 2015, 2017. Morelia México 2016.
  • Encuentro de mujeres poetas. Roldanillo Colombia 1995 a 2018.
  • Fiesta de la Poesía, Villa de Leyva 2017, 2018.
  • Festival Internacional de poesía, La Nave de Papel. Manizales 2015, 2018.
  • La Esquinita del Arte, Feria de Manizales, 2018, 2019.
  • IV Festival de Arte y Literatura El Salvador 2109

 

* * *

Luciérnagas en mi espalda

Silencio: el habla interior no llega en su botella de escritura, no desea arrebatar a las aguas verdinosas de mi cerebro la yema de un verso
Luego, el estruendo: un parloteo de loros, repetición de gritos diluidos en ráfagas y ninguna pregunta que alumbre el horizonte. Las hojas de los árboles descienden al abismo del suelo.
Me encadeno al asiento, me obligo al encuentro, llamo al espíritu: paloma, musa, soplo alado…
La luciérnaga, no avisa su llegada, se pega a mi espalda convertida en tatuaje de aire, todo es oblicuo, sesgado.
Su luz desciende a mí oído interno: caracol, laberinto, tímpano. Hurga mi interior, sabe del sol de nieve que cubre las palabras, arañas de patas cercenadas, temerosas de abrazar, la orfandad de la página.
Un destello las hace girar, es un trino, un temblor bajo la sábana, la última palabra en un verso de Vallejo.
La mano recoge las notas en la almohada, un pensamiento líquido la envuelve, mariposa en su chal.
Y llega por fin, en su nave blanca, el poema.


* * *

Luciérnaga narcisa

Pregunté a las semillas si habían visto mi sombra.
No logro oírla, ni inventarla.
Silenciosa, me acerco al río, no puedo zambullirme, ni navegar.
Me muevo sin moverme, estoy atada.
Miro el tiempo detenido en el reloj del ocaso y presiento mi viaje al silencio final.
El sonido de mi propia risa dibuja una garza embelesada, Narcisa atrapada en el espejo de la piedra.
Soy reflejo que tiembla, luciérnaga que anhela un amanecer de guayacanes en las riberas del cauca.


* * *

Luciérnagas afuera

Si piso la sombra de la mujer que vuela, resbalaré por un ojal hasta su interior.
Su sombra oculta busca la luna, en la orilla de lo informe.
Ahora es Bachué, sale de la cueva se baña en la laguna y regresa, serpiente rediviva.
Es Eva, pierde a diario su paraíso entre las aguas de su desnudez y la dulzura del brevo
Es Penélope, teje los paisajes de la duda al mediodía y desteje anagramas en el témpano de la sábana sola.
Es Marina, la Malinche, mujer de lenguas, puente de lianas entre los mundos, madre de la tierra mestiza.
Todas ellas, habitan la realidad del agua, el remolino de la muerte y la umbría para el baño de diosas navegadas por membrillos y canciones prohibidas
Temo palpar el rostro contrario: otro lado del espejo, otro lado de la calle, otro lado del día, otra yo, otros mundos
Nosotras las sibilas, aves de vuelo nocturno, melusinas, descifradoras de las horas, conservamos el pasado en la piel de la espalda para respirar el milagro de la lluvia y alumbrar todas en una, como luciérnaga.

* * *